Mis faros pararán de brillar,
convirtiéndose de cristal,
olvidarán la ciudad que los hizo llorar,
para escapar de una mirada llena de sal.
Perderán su color vegetal,
para adquirir el color del mar,
de un mar revuelto, lleno de algas,
bailarinas, al vaivén, de su amar.
Un mar lleno de rocas afiladas,
con el paso de los años, cansadas,
cansadas de sufrir,
para no herir.
Mis faros serán ese mar,
un mar solitario,
profundo, oculto, sereno,
pero sobretodo, herido por el ser humano.
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