Tu blanca piel despierta la avaricia de mis manos, por tus
costados,
siento envidia de no poder perderme en ti cuándo lo desee,
ira de que no sea suficiente, de que no pueda tenerte,
aunque lo olvido al desatarse la gula de tu mirada castaña, tan tierna, tan risueña.
Eres la lujuria de mis besos,
la soberbia de mis sueños,
la pereza de despegar nuestros cuerpos.
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